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No hay tren para Lisboa

No hay tren para Lisboa

Artículo de opinión, publicado en el Diario de Pontevedra, de Lois Caeiro, periodista y ex director de El Progreso de Lugo

Las toallas, el bacalao y el café pertenecen a un pasado mítico de los viajeros que de un país pobre y cerrado iban a otro igual.  Como a un marciano se le miraría hoy a quien se le ocurriese decir en Galicia que va al extranjero por acerca hasta los mercadillos de Vila Nova de Cerveira. La relación entre el norte portugués y Galicia ha evolucionado tanto como la decoración y la oferta de productos que experimentó en Valença A Fortaleza.

Ya no es aquel foco que llamaba a un comercio cutre. Tampoco son igual los viajeros ni los comerciantes. No se puede decir lo mismo del tren ni de las políticas centrales que ayuden y apoyen el mayor flujo de conocimiento entre un lado y otro del Miño. Para los susceptibles, mirar a Lisboa –la Web Summit que se celebró la primera semana de este mes, por ejemplo– no está reñido con mirar a Madrid.

Será ceguera política, con coste económico, pensar que los viajeros de fin de semana que lleguen en el Ave de Madrid compensarán el ignorar que la gran concentración urbana del noroeste peninsular está alrededor de Oporto.

"Nada de novo na ferrovia", titulaba el portugués Público el pasado sábado sobre la Cimeira ibérica, la cumbre de Pedro Sánchez y António Costa en Viana do Castelo. Hubo voluntades comunes, “excepcionales y profundas”, según Sánchez. Fuera de la cimeira quedaron asuntos polémicos, en los que no hay coincidencia. La unión ferroviaria de Galicia con Portugal no interesa al Gobierno español. Ni a este, sobrado de propagandistas y palmeros en Galicia, ni a los anteriores que también contaron con aplaudidores bobalicones.

La demanda de la unión por alta velocidad –o de comunicación ferroviaria que merezca tal nombre en el siglo XXI– para seguir el ritmo que marca Portugal, pide en Galicia mucho más que declaraciones puntuales ante los medios. Debería ser ocupación del Parlamento, de las cámaras de comercio, de las organizaciones empresariales, universidades, academias y demás.

Las ausencias en las voluntades comunes y profundas las recogía la prensa portuguesa. La unión Porto-Vigo por alta velocidad encontró de nuevo un único valedor, el primer ministro portugués. Trabaja para que la alta velocidad ferroviaria una en 2030 Lisboa-Porto y Vigo. No hay colaboración española.

Repito la petición, ante quien corresponda, para que la medalla de Ouro de Galicia del próximo año se le conceda al socialista António Costa. Supongo que este será un clamor al norte del Miño en organizaciones empresariales, turísticas, universitarias, culturales y asociaciones de vecinos y vecinas varias.

El compromiso de Sánchez fue de inicio de estudios. O sea, nada, salvo para quien crea que no cayó un viaducto en la A-6. En este asunto de las comunicaciones ferroviarias no hay voluntad común entre Madrid y Lisboa. Ni los gobiernos españoles defienden en esto los intereses de Galicia. Ni sin Sánchez, ni con Sánchez.

Antes de que se produjese el anuncio de los estudios, que por supuesta se pasan sin exámenes, miembros de anteriores gobiernos de España ofrecieron, para decir que hacían, alguna puesta en escena que rozó lo ridículo. Pero como aquí ya ni se llora, valen tanto celtas cortos como largos.

Autor: Lois Caeiro, periodista y ex director de El Progreso de Lugo