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La cooperación transfronteriza como factor de competitividad de las PyMES

La cooperación transfronteriza como factor de competitividad de las PyMES

Artículo de Carmen José López Rodríguez, Presidenta de la Asocación Galega de Jóvenes Empresarios, AJE Galicia

Las PyMES representan, a nivel europeo, el 99’8% del tejido productivo; emplean a dos de cada tres trabajadores y generan cerca del 60% del valor añadido. Con estas cifras resulta más que evidente el valor que para nuestra economía representan las pequeñas y medianas empresas, no solo por sus aportaciones a la producción de bienes y servicios, sino también, y principalmente, por su capacidad redistribuidora de la riqueza y por su gran potencial de generación de empleo. Estas circunstancias convirtieron a las PyMES, en los recientes años de crisis, en verdaderos salvavidas de nuestra economía y del estado de bienestar precisamente por su apego al territorio y a su compromiso con el mismo.

 

Sin embargo, ser PYME no es fácil en un mercado más competitivo y globalizado que nunca; por sus particularidades las PyMES tienen mayores dificultades para sobrevivir y mantenerse con eficiencia, eficacia y solvencia en un escenario de incertidumbre y volatilidad. Frente a ello, la escasez y dificultades a las que las empresas y emprendedores nos hemos enfrentado durante los últimos años nos han llevado a asumir y aplaudir una tendencia que con bastante probabilidad forma ya parte del anunciado cambio de modelo, y que no es otra que la denominada cultura colaborativa empresarial; a este respecto, la experiencia cercana nos lleva a plantearnos la necesidad de consolidar la cooperación entre emprendedores y/o pequeñas empresas, así como a tener muy en cuenta la importancia de generar redes y espacios de encuentro para su facilitación.

 

En el señalado contexto, y desde la perspectiva de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal, la cooperación empresarial, entendida como un acuerdo entre empresas para desarrollar en común actividades concretas que permita a cada socio lograr un objetivo inalcanzable con su solo esfuerzo, se presenta como la fórmula para facilitar los intercambios económicos entre los emprendedores y PyMES del este territorio, permitiendo de esta forma la ampliación de sus respectivos mercados. La generación de sinergias entre empresas de distintos países permiten algo tan relevante como superar barreras de desconocimiento, dificultades derivadas de las diferencias de idioma y, lo que a menudo constituyen la mayor de las trabas, las diferencias legislativas y burocráticas, diferencias que se convierten en un hándicap muy difícil de asumir para empresas con reducida estructura y que carecen de personal con experiencia en el ámbito de la internacionalización.

 

De esta forma, para las empresas del Norte de Portugal, la cooperación con Galicia como puerta natural hacia España supone la posibilidad de ampliar su mercado en cuarenta y seis millones de consumidores, mientras para las empresas gallegas, la cooperación con el Norte de Portugal no se traduce únicamente en el acceso al mercado luso, sino un primer acercamiento a otros mercados lusófonos como Brasil, Angola, Mozambique o Cabo Verde, ambas circunstancias constituyen, sin duda, una buena razón y un incentivo para las empresas de uno y otro lado de la frontera.

 

Ya por el siglo XIX John Stuar Mill, nos recordaba que “no existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación” y lo cierto es que en el caso de los emprendedores y pequeñas empresas de nuestro territorio la cooperación, y de forma concreta la cooperación empresarial transfronteriza, parece aspirar a perfilarse como uno de las opciones para paliar la excesiva dependencia del marco económico y jurídico en el que operan, para evitar los riesgos inherentes a ciclos económicos del mercado interno y, en definitiva, para contribuir decisivamente a superar la gran asignatura pendiente de la supervivencia empresarial.