Irene, así no
Artículo de opinión de Carmen López, abogada y empresaria
No, Ministra, hacer imprescindible que exista consentimiento para que un hombre toque o mantenga relaciones sexuales con una mujer no lo ha introducido la Ley del "solo sí es sí", eso ya era un requisito imprescindible antes, y por eso ya lo preveía el Código Penal. Por eso tampoco es cierto que, como ha defendido, esta ley sea uno de los avances más importantes en la historia del feminismo, por mucho que se empeñe en verlo así.
El consentimiento ya estaba en el centro, tema aparte es la falta de formación y sensibilidad de algunos jueces, pero eso es otro debate.
El consentimiento ha sido imprescindible desde que la democracia se instauró en España, trajo la inclusión de la igualdad en nuestra Carta Magna y el reconocimiento de la libertad sexual. Cierto que, durante siglos, en la mayoría de las culturas, la falta de consentimiento de la persona sexualmente agredida tuvo poca o ninguna significación jurídica, pero desde entonces afortunadamente ya ha llovido.
No, Ministra, cuando se le pide que arregle este desastre nadie le está pidiendo, como dice usted, que elimine el consentimiento, faltaría más. El consentimiento seguirá siendo imprescindible, como ya lo era, no puede ser de otra manera, modificar la ley en aquello que ha fallado no va a hacernos retroceder al siglo XV, y no porque no lo permita usted, sino porque no lo permitiríamos ninguna.
No, Ministra, las consecuencias de la ley no son ningún avance si las valoramos en su conjunto, son un gran fiasco desde el punto de vista jurídico y también desde el punto de vista de las víctimas, que son las que al final han quedado desprotegidas, una vez más.
No, Ministra, la culpa de la reducción de las condenas no es de los jueces, esta vez no, y repetirlo una y otra vez no va a hacer que lo sea. La labor interpretativa no puede sustituir a la legislativa y defender lo contrario es falaz, peligroso y además atenta contra la separación de poderes.
No es responsabilidad de los políticos redactar las leyes, pero sí rodearse de asesores que sepan hacerlo y tener en cuenta su criterio. Supongo que en este caso el titular y un cuestionable rédito político han pesado más que la protección real a las agraviadas y de ahí que haya decidido obviar las advertencias técnicas que anticipaban las nefastas consecuencias.
El feminismo no ha avanzado gracias a su ley, ha avanzado gracias las mujeres que, como Simone de Beauvoir, han cuestionado el régimen establecido y han denunciado un sistema androcentrista insoportable; gracias a las mujeres que, como Concepción Arenal, han exigido el derecho de todas las mujeres a estudiar o gracias a las que, como Emilia Pardo Bazán, han defendido la libertad de decir acerca de si querían o no ser madres, luchando para que se nos viese como algo más que meros árboles frutales.
El feminismo ha avanzado gracias a juristas como Mercedes Formica, que luchó incluso contra los suyos hasta conseguir eliminar del Código Civil la autoridad marital, aunque eso le trajese rechazo, soledad y mucho, mucho sufrimiento. El feminismo ha avanzado gracias a cientos de mujeres, algunas conocidas y muchas anónimas que han ido ganando terreno en una sociedad que no les era en absoluto favorable. Gracias a su madre y a la mía, que nos educaron como mujeres libres e iguales. Por eso usted y yo hoy podemos decidir y gobernar nuestras vidas. Esos sí han sido avances del feminismo.
Usted sabe cómo cualquier persona que haya comparado su ley con la legislación anterior que la mayor "innovación" introducida es una cuestión meramente terminológica, pero que a cambio se modifica el rango de penas con mínimos más bajos, de ahí el sinsentido generado. Reconozco el acierto de haber introducido la agravante de sumisión química, no iba a ser todo malo.
El feminismo ha avanzado gracias a las mujeres que se han rebelado contra una sociedad paternalista y misógina y poner esta ley a la altura de aquellos logros sería hasta irrisorio si la situación no fuese, en realidad, dramática.
No, Ministra, ni todo vale ni todo lo que nos vende cuela.