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Europa de los Estados, claro

Europa de los Estados, claro

Artículo de opinión de Jose Teo Andrés, subdirector de Atlántico Diario, sobre el futuro de Europa

La Europa Unida será de los Estados o no será. Los padres fundadores de las comunidades lo tuvieron muy claro y descartaron abierta y expresamente la llamada Europa de los pueblos, que por su propia inercia sería un conglomerado tendente a ahondar la división, nunca a la unión. Cierto que Schuman y Monnet tenían en la cabeza la idea de un control supranacional del carbón y acero, germen de lo que luego fue Comunidad Económica Europea, hoy UE, bajo la convicción de que no se podría iniciar otra guerra si un Estado no tenía control total sobre la producción industrial. La II Guerra Mundial había terminado apenas unos años antes y la prioridad era evitar que se repitiera y para ello habría que conseguir una interacción permanente entre Estados democráticos, que resultan visibles, definidos y previsibles en sus actos. No entre pueblos.

La UE de 12 era una imagen visible y con cierta coherencia. La de 28 resulta compleja, cada vez más difícil de visualizar. ¿Qué sería una UE de 50 o más estados diminutos, cada uno de ellos como pequeñas naciones surgidas con un componente nacionalista y étnico muy potente? ¿Países nacidos de la división de antiguos Estados van a unirse con sus vecinos de los que se han divorciado, a menudo de forma nada amistosa?

La respuesta parece sencilla: sería tomar el camino hacia la nada. O más en concreto un remedo de la Europa feudal, la que nació por la destrucción del Imperio Romano y la creación de cientos de pequeños reinos a menudo peleados entre sí. Justo en ese momento, y no por casualidad, se inició la Edad Media y la decadencia cultural, social y política europea, que no recuperaría su nivel hasta mil años después, con el Renacimiento. Que precisamente buscaba recuperar los valores perdidos y un cierto sentido de unidad europea entre las monarquías que salían de la oscuridad medieval.

La Europa de los Pueblos es un bello nombre, que evoca paisajes hermosos y una cierta idea de fraternidad. Lírica, pero la política debe ser prosa. La lírica vale para escribir poesía, quizá para evocar bellos parajes, pero la Europa unida sólo se construirá desde la prosa más cruda y a menudo aburrida. Pero eficaz.