Día de Europa: Europa y la paz perpetua
Artículo de opinión de Carmen López, abogada y ex presidenta de AJE Galicia, publicado en el Progreso de Lugo y en el Diario de Pontevedra
Corría el año 1713 en una Europa enferma de guerra cuando Charles-Irénée Castel de Saint-Pierre expuso en su “Projet pour rendre la paix pérpetuelle en Europe” el ideal de una paz perpetua a través de una Unión o Sociedad Europea.
Una utopía, la de Saint-Pierre, que sus contemporáneos llegarían a tachar de inútil, absurda y quimérica, ¿qué monarca de la Europa de aquel momento estaría dispuesto a renunciar a parte de su poder? Rosseau, sobre la obra de Saint-Pierre, iría un paso más allá en esa idea para convertir la concepción inicial de la «Europa de los monarcas» en la «Europa de los pueblos».
Kant vendría, por su parte, a retomar una premisa que ya había apuntado Saint-Pierre, el derecho sería el mecanismo para la consecución de una paz permanente. Precisamente por eso, el proyecto kantiano es un proyecto jurídico mucho antes que ético. La expectativa de Kant no era que la humanidad pudiese volverse mejor, sino la construcción de un orden jurídico que tipificase la guerra como algo ilegal.
Utópico, inútil y absurdo, pero aquella idea de paz perpetua, ese planteamiento teórico orientado a la construcción de un orden internacional justo que permitiera a las naciones coexistir y desarrollarse de forma pacífica, se convirtió en una de las premisas de la que, tal día como hoy, en 1950 partiría la Declaración Schuman y, con ella, la construcción de la Unión Europea y el periodo de paz más largo vivido en nuestro continente. Saint-Pierre no iba tan desencaminado.
Hoy la Unión Europea está cuestionada, las crisis de los últimos años nos mostraron la cara más estricta de lo que supone pertenecer a una “confederación” supranacional y, ahora, el auge de los movimientos antieuropeístas está consiguiendo obviar esa fraternidad entre países (o sororidad entre naciones), que se encuentra en la justificación de este vínculo continental. Puede que esta no sea todavía la Europa ideal, puede que el proyecto esté todavía “buscándose”, como diría Schuman, pero ¿qué proyecto no está permanentemente tratando de encontrarse?
La idea de la paz perpetua, la apuesta de una vía jurídica internacional para resolver los conflictos sin acudir a la guerra es optimista es, incluso, romántica, pero es mucho más que eso, es la apuesta por integrar y por creer que como seres racionales tenemos la posibilidad de buscar el progreso mediante la reforma jurídica, el diálogo y, sobre todo, la democracia. Es, en último término, aunque Kant no quisiese reducirlo a eso, una apuesta por la condición humana y su capacidad para convivir.
Tal día como hoy Europa iniciaba su apuesta por un ideal de paz, pero hoy celebramos el Día de Europa con la incógnita de cómo se reflejará en las elecciones al Parlamento Europeo los extremismos que han entrado en el tablero político de los distintos países. Sesenta y nueve años después, Europa necesita recordar por qué en su día la búsqueda de la paz perpetua se convirtió en un objetivo prioritario. Por aquel entonces, Europa estaba enferma de guerra, hoy, Europa, está huérfana de ilusión.