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Crisis en la cadena global de suministros y en la energía

Crisis en la cadena global de suministros y en la energía

Artículo de Opinión de José Luis Méndez Romeu, analista político, ex conselleiro y ex secretario de Estado de Cooperación Territorial

Todavía no habíamos terminado de superar la crisis derivada de la pandemia de Covid-19 cuando ya estamos sufriendo el doble efecto de la crisis energética, consecuencia de la menor disponibilidad y por tanto mayor precio del gas natural que importamos, y de las alteraciones en la cadena global de suministros por falta de materias primas y dislocaciones en la logística. Aquí el repunte del consumo y la extraordinaria dependencia de China, hasta ahora la gran fábrica del mundo, determinan mayor escasez pues el gigante asiático trata de atender prioritariamente a su mercado interior.

La escasez de contenedores, de buques para transportarlos, de mercancías para llenarlos, ha disparado el precio de los fletes y multiplicado el precio de todos los productos importados, desde microchips hasta juguetes. Las voces que al comienzo de la pandemia alertaron de las consecuencias negativas de haber deslocalizado la producción de principios activos farmacéuticos y de medicamentos, son ahora universales. La extrema dependencia de uno o de pocos productores crea cuellos de botella cuando la demanda se incrementa. En algunos sectores ya ha comenzado un proceso de revisión de las cadenas globales de suministro para acortarlas y acercarlas más a los mercados finales.

Repárese que en el caso de la energía la dependencia es de Rusia y en el de los suministros de China, dos países confrontados por diferentes motivos con Estados Unidos que es el principal socio y aliado de la UE. Desde la presidencia de Obama, en un movimiento ratificado luego por Trump y por Biden, Norteamérica está desplazando su prioridad estratégica hacia el Pacífico. La reciente alianza con varios países de la zona es el último movimiento de una estrategia de contención política pero también comercial y militar al expansionismo chino que, gracias a la disponibilidad de capital, está invirtiendo masivamente en África y América Latina, además de impulsar megaproyectos como la Ruta de la Seda que implican una reordenación geoestratégica de gran alcance.

POLÍTICA EXTERIOR DE LA UNIÓN EUROPEA

En esas condiciones, la UE está obligada a una Política Exterior mucho más incisiva, manteniendo la prioridad absoluta con Estados Unidos, pero buscando vías propias especialmente con Rusia, proveedor energético irreemplazable. De ahí que las relaciones con Ucrania y Bielorrusia deban ser contempladas cuidadosamente, evitando la injerencia política y favoreciendo los lazos comerciales. Para los países comunitarios fronterizos con los citados países y antaño englobados forzosamente en el bloque del Este, dichas relaciones son delicadas y siempre presididas por el peso histórico.

Tradicionalmente los grandes países de la UE, Alemania, Reino Unido y Francia, han impuesto sus criterios en las Relaciones Exteriores. La nueva situación descrita implica a muchos más actores. Los países del Sur, como Portugal y España, podrían tener una mayor influencia en la orientación estratégica, al no estar condicionados por la historia pasada. En cualquier caso deberíamos habituarnos a discutir y asumir las orientaciones estratégicas, pues estamos sufriendo las consecuencias antes descritas que pueden afectar directamente a nuestras economías.