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25 años después de Maastricht

25 años después de Maastricht

Artículo de opinión de Carmen López, abogada y ex presidenta de AJE Galicia,  publicado en El Progreso

Un uno de noviembre de 1993 Europa se hacía más Europa, veinticinco años ya de la entrada en vigor del que posiblemente sea uno de los hitos más importantes de la Unión Europea tal y como la concebimos, el uno de noviembre de 1993 la Unión daba el paso para dejar de ser una mera construcción económica y convertirse en un instrumento de unidad política, basado en los valores de la democracia y los derechos humanos en la forma soñada por Robert Schuman cuarenta años antes.

Veinticinco años después la Unión continúa inmersa en el proceso de encontrarse, la historia ha puesto de manifiesto las reticencias de los países para renunciar a parte de su soberanía en beneficio de un interés que transcienda a sus fronteras. Reino Unido abrió la veda y una parte importante de los países comunitarios reaccionaron con el auge de movimientos nacionalistas para confirmar que el anti-europeísmo es una amenaza real.

Hoy, como veinticinco años atrás estamos en un momento clave para Europa en el que crear un frente común a favor de los valores europeos de la paz y la democracia se ha vuelto tarea prioritaria, en el momento para volver a decantar la balanza hacia la defensa de la Unión y de un futuro que permita la continuidad de la que ya se ha convertido en la más duradera etapa de disfrute de derechos y libertades para los ciudadanos europeos y la comprobación de que la premisa de Bernard-Henri Levy era cierta: "Europa no es un lugar, sino una idea.".

Hoy, de nuevo, necesitamos más Unión y más Europa y, mientras tanto, en el horizonte se vislumbran las elecciones europeas de primavera del 2019, unas elecciones en las que la dicotomía derecha-izquierda parece diluirse para dar paso a otra confrontación mucho más vigente y que se reduce al posicionamiento de los partidos respecto de aspectos tan de actualidad como son las fronteras y la identidad. Así, en unos meses la decisión estará entre decantarse por los pro Europa o los euroescépticos y soberanistas entre los que las facciones más radicales de derecha e izquierda, por absurdo que parezca, llegan a compartir espacio.

Puede que el acumular décadas de paz nos haya hecho menospreciar la importancia de los logros que nos han llevado a ella, puede que el sueño europeo haya perdido expectación a medida que parecía materializarse o puede, también, que Europa no haya sido en todos estos años capaz de reivindicarse y visibilizarse como la artífice de sus propios logros. Puede que lo único claro es que, veinticinco años después de Maastricht, Europa está más necesitada que nunca de voluntad política, de consenso y de una visión compartida, justo en el momento en el que el panorama se encuentra alarmantemente carente de todo esto, quizá hoy, más que nunca, Europa vuelve a necesitar ciudadanos que la sueñen.