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La Unión Europea; una historia de éxito colectivo

La Unión Europea; una historia de éxito colectivo

Artículo de opinión de Ana Pastor, presidenta del Congreso de los Diputados, sobre el futuro de Europa

En marzo de 2017 tuve el honor de participar en Roma, en calidad de Presidenta del Congreso de los Diputados, en una Conferencia Extraordinaria de Presidentes de Parlamentos de la Unión Europa para celebrar el 60 aniversario de la firma de los Tratados por los que se constituyeron las Comunidades Europeas. Fue una oportunidad propicia, y también emocionante, en la que los presidentes de los Parlamentos de todos los países de la UE reafirmamos nuestro sincero compromiso y decidida voluntad de avanzar en la consolidación del proyecto europeo.

Fue también una ocasión para honrar y renovar ese espíritu europeo, sobre el que se edificó el proyecto de la Unión Europea, y que ayudaron a conformar figuras como Konrad Adenauer, Robert Schuman, Jean Monnet o Alcide de Gasperi hace sesenta años.

Porque no cabe duda de que la pertenencia a la Unión Europa constituye un elemento central de nuestra identidad como ciudadanos, y también de la identidad de las distintas naciones europeas. Aquellos padres fundadores comprendieron acertadamente que Europa y los países europeos no se excluyen entre sí. Al contrario, Europa se enriquece con la diversidad de sus naciones y de sus culturas.

Sólo una Europa abierta e integradora sería capaz de comprender las aspiraciones de los distintos pueblos y hacerlos más prósperos y desarrollados; superando así los desastres y la miseria, física y moral, tras dos guerras mundiales. Ese ha sido el camino transitado a lo largo de estos últimos 60 años de construcción común del proyecto europeo. Un logro que corresponde atribuir a las naciones europeas y sobre todo, a sus ciudadanos.

El ideal europeo ha proporcionado el mayor periodo de paz y prosperidad al continente, edificando una comunidad basada en principios y valores que hacen de Europa la región con los sistemas democráticos más asentados y donde más en cuenta se tienen la promoción y defensa de los derechos humanos.

Una región donde se han ido elevando los niveles de bienestar material y social para los ciudadanos, convirtiéndose la UE en la primera potencia mundial en el ámbito comercial, cultural o turístico. Una Europa que ha construido y quiere perfeccionar un mercado común de más de 500 millones de personas, y donde existen elevados niveles de protección de los trabajadores, de los consumidores o del medio ambiente.

En suma, una Europa que vive en el espíritu y la mente de sus ciudadanos, y de forma especial entre los más jóvenes. Me gustaría destacar cómo la generación Erasmus participa y contribuye a divulgar esa “conciencia europea” que tanto reclamaba Salvador de Madariaga - gallego y europeísta convencido -, como factor intangible e indispensable para asegurar el futuro del proyecto europeo.

En 2017, somos las generaciones actuales las que debemos perfilar y construir ese futuro. Cada momento histórico presenta desafíos particulares y corresponde a las instituciones y los ciudadanos de la UE de hoy dar respuesta a las acuciantes demandas de los tiempos presentes. Con la certeza y la seguridad que proporcionan los avances en estos últimos 60 años, pero con la convicción de que lo mejor está aún por alcanzar.

Entre todos, debemos contribuir a una Europa más segura y protegida, más próspera y sostenible; a una Europa social, más fuerte en la escena mundial. Estos son precisamente los objetivos a los que todos los Estados Miembros y las instituciones comunitarias se comprometieron al rubricar la Declaración de Roma el pasado 25 de marzo. Y que marcan una agenda ambiciosa, pero firmemente anclada en la necesidad de dar respuesta a los problemas de los ciudadanos europeos.