Skip to main content

Hacia una Europa Social y Solidaria

Hacia una Europa Social y Solidaria

Artículo de opinión de Xoán Vázquez Mao, secretario general del Eixo Atlántico

Europa y yo nacimos el mismo año. Año en que Albert Camus recibió el Nobel. Rusia lanzó el sputnik adelantándose a Estados Unidos en la carrera espacial, y The Cavern abre en Liverpool unos meses antes de que Lenon y McCartney se conozcan.  Bueno, es obvio que ese año pasaron mas cosas, y que todos los años pasan cosas destacadas.  ¿Por qué entonces referir solo estas? Básicamente porque marcan el perfil de una época, en la que se reconocía el talento, la innovación pesaba mas que las armas en la lucha de los dos bloques , y se gestaba un hito que revolucionaría la cultura en las calles de una ciudad inglesa.

Camus, el hombre que más influyó en el desarrollo crítico e intelectual  de varias generaciones, entre ellas la mía, escribiría en 1951 “El hombre rebelde”, obra de referencia en el pensamiento  existencialista. Toda obra precisa, para ser entendida, de integrar en una visión global al autor, los actores y el escenario. Este era el contexto en que nacía una Europa, concebida como respuesta a la guerra más devastadora que asoló el continente europeo, pero también como prevención de que no volviera a ocurrir. El concepto de los Estados Unidos de Europa emanó de una visión generosa y solidaria de los llamados padres fundadores: Schuman, Jean Monet y De Gaspieri. Aún tendrían que transcurrir 25 años para que  Jacques Delors  consolidara el proyecto de la Europa del crecimiento, de la competitividad y del empleo, de la cohesión y del desarrollo, pero sobre todo la Europa social de los ciudadanos, de la innovación y de la sostenibilidad. La Europa con la que muchos soñábamos .

¿Qué pasó entonces con aquel proyecto? Fue por causa de la crisis que descarriló? No. La emergencia de lideres euroescépticos, egoístas e insolidarios con escasa visión de futuro y nulo pensamiento estratégico (a los que Churchill denominaba politicos en contraposición a estadistas: los que piensan en las próximas elecciones en contraposición a los que piensan en las próximas generaciones)   favorecieron la expansión de un tumor que empezaba a crecer en Europa hasta convertirse en metástasis: los eurócratas. Gentes sin modelo ni pasión, sin concepto ni ideología europeísta, cuya única finalidad era su supervivencia profesional, gestionando un barco sin tener ideas  ni conocimientos de navegación. Y así comenzaron a desvirtuarse los conceptos y los sueños en que se sustentaba el proyecto de construcción europea. Las sucesivas presidencias europeas, Santer, Prodi, Barroso no fueron sino caldo de cultivo para el desarrollo de la metástasis. Y cuando alguien propuso refundar Europa y dotarla de una constitución, pusieron al frente a Giscar D´ Estaing. Que era lo mismo que poner a dibujar las cartas de navegación a un individuo que nunca vio el mar. La crisis no fue sino la culminación de un proceso , que a su vez, contribuyó a consolidar una crisis que favorecia sus intereses y su estrategia. Y todo este conjunto de errores intencionados generaron el caldo de cultivo en que están creciendo los fascismos, a los que ahora llaman populismos, impulsados una vez más, por las clases socialmente más débiles: obreros, desempleados, agricultores, etc.

Pero esto quiere decir que el proceso sea irreversible y que debamos tirar la toalla ?. De ninguna manera. Las crisis también son épocas de oportunidades que generan momentos de gran crecimiento. Así fue con la mayor de todas ellas: la guerra.  El mayor crecimiento de Europa se produjo después de la segunda guerra mundial. La cuestión es si ese crecimiento se traducirá en redistribución y equilibrio, o por el contrario se configurará en un proceso especulativo donde se vean favorecidos quienes generaron la crisis. La solución pasa en cualquier caso por más Europa. Retomar la filosofía fundacional y adaptarla al siglo XXI, a la sociedad de internet, a un mundo post crisis radicalmente distinto. Y empezar por medidas tan básicamente democráticas como la elección directa y universal del presidente (o presidenta) de Europa, que a su vez, acometa un proceso para redactar una Constitucion Europea de verdad, que consagre una Europa Social y Solidaria. Que acometa una reforma de la administración Europea y que dote de contenido al Parlamento Europeo, de donde deberá emanar el gobierno de la Unión. Y lo más importante: que transmita a los europeos que los puestos de trabajo no se pierden por causa de los emigrantes, sino por causa de la corrupción y de la incompetencia política. El día que los ciudadanos lo perciban habremos sentado las bases para que el fascismo desaparezca de Europa.