El milagro portugués
Artículo de opinión de Abel Veiga, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Pontificia de Madrid, sobre la recuperación económica en Portugal
No sé si realmente es o no es un milagro. Pero ahí está. Tangible, palpable. El sacrificio que ha tenido que asumir el pueblo portugués con la crisis ha sido tremendo. Les ha golpeado con una virulencia extrema. Han tenido que sufrir en carnes propias una reducción drástica del gasto público y las inversiones del Estado. Les han corregido, vigilado las cuentas. Han hecho recortes. Han subido impuestos, peajes, etc. Y hoy son situados como ejemplo de recuperación, de compromiso, de ajustes, de crecimiento, de atracción enorme de inversión, de pulso económico.
Portugal ha salido de su dura travesía en el desierto. Con muchas dificultades, con mucho esfuerzo y sacrificio. La sociedad portuguesa y las familias han sufrido en carne propio el exceso de otras épcoas pretéritas pero cercanas. Del exceso, de quizás la falta de prudencia y gestión transparente. De ser todavía país y región donde las ayudas siguen viniendo pero constreñidas. De deuda y déficit que les han asfixiado. De caída de todo el sistema financiero. Han reducido el déficit y, sobre todo, ha reconducido la economía. Están pagando su deuda, los intereses del rescate que prácticamente ha afectado a todos los países del sur de Europa. Le han dado vigor a la economía, la han zarandeado, despertado, la han hecho atractiva. Suelo barato, infraestructuras, sueldos baratos, clusters y localización, innovación y a atraer empresas, de un lado y de otro, también de Galicia. De desbalance comercial a superavit, exportando más que importando. Falta mucho por hacer, pero está de moda. Portugal, efecto llamada. En lo cultural, en lo social, en los viajes, es un país que hoy está si no el primero sí entre los primeros en el turismo, en lo económico, ¿a qué se debe? ¿por qué? A qué se debe que esté de moda?
Un ejemplo. Porto, martes 13 de febrero, 5.30 de la mañana. Cientos de viajeros estamos en el aeropuerto de Sa Carneiro. Decenas de vuelos a partir de las seis de la mañana. Colas interminables en los controles. Filas exageradas en cada una de las puertas de embarque. Alguién en nuestra fila dice, este es lo que ha conseguido el low cost también, los ryanair, easy jet, etc., que vienen de toda Europa. Hoteles nuevos en medio de la vieja ciudad. Edificios antiguos rehabilitados urgentemente. Están a punto de crear una gigante pasarela del vino de Porto que baje desde Gaia a la ribera del Douro.
Al otro extremo Leixôes la puerta abierta al atlántico. No hay más palabras. Han hecho los deberes. Hay pulso, hay rumbo. Hay una forma de hacer única y todos suman y arriman hacia el mismo destino. No al minifundismo mental que impera en otros lares.