60 años: Europa quiere ser Europa
Artículo de Opinión de Aránzazu Beristain, jefa de la representación de la Comisión Europea en España
Un aniversario es siempre una fecha especial, una cifra simbólica que usamos como pretexto para hacer balance de lo vivido, normalmente con cierta añoranza del entusiasmo e idealismo del joven, y con el temor al cambio de quien hace de la experiencia rutina. Es una fecha, un número y quizá nada más, pero lo cierto es que suele ser suficiente como para hacer de ese año algo especial. No obstante, en el caso del 60 Aniversario de los Tratados de Roma, el destino ha querido que efeméride y coyuntura coincidan, haciendo que el recuerdo a los principios e ideas de aquellos padres fundadores sean tan oportunos hoy como lo fueron hace 60 años.
Tras una larga crisis, los populismos antieuropeos han querido ver en este aniversario la fecha de caducidad de la Unión, el fin de un proyecto que nació en Europa como resultado de un largo y cruel aprendizaje, fruto de años de guerras que desangraron, literalmente, a nuestro continente. Sin embargo, tras las elecciones en Austria, Holanda y Francia, los ciudadanos europeos hemos mandado un claro mensaje al mundo de rechazo a los populismos y de afirmación de las opciones democráticas, moderadas y europeístas. Así, el proyecto común debe continuar. Es un paso importante, pero más importante, si cabe, es la lección que la Unión saca de ello: Europa debe ser Europa, y eso pasa por recuperar una de sus grandes señas de identidad, el modelo social europeo.
Los ciudadanos se han visto golpeados por una larga crisis que ha provocado, precisamente, que muchos europeos hayan retrocecido en aquello que hace de este continente un lugar privilegiado en el mundo, su Estado del bienestar. No solo es el temor a perder aquello que hasta hace poco parecía garantizado, sino también el miedo, entre los más jóvenes, a no poder acceder a los mismos niveles de bienestar que la generación de sus padres. Todo ello hace que una parte de la sociedad se muestre más vulnerable al discurso del miedo y a la promesa de la soluciones fáciles.
Hasta ahora, el objetivo primordial de la Unión Europea durante este periodo de crisis ha sido sentar las bases para el crecimiento: sanear las cuentas públicas y poner en marcha las reformas necesarias para que la economía no dependa de modelos de crecimiento obsoletos. Europa ha vuelto a la senda del crecimiento y la recuperación se nota sobre todo en las tasas de desempleo que, aunque en algunos países como España siguen siendo intolerablemente altas, ya están en su nivel más bajo en la UE desde 2009. La economía de países como España, Italia, Francia y Portugal poco a poco se recuperan y está previsto que todos los Estados miembros crezcan este año. La inversión pública y privada crece impulsada por el saneamiento previo del sector bancario, las diferentes reformas estructurales emprendidas y, también, a las diferentes iniciativas europeas para la inversión pública (los Fondos Europeos) o privada. Sin ir más lejos, España ha sido el segundo país que más inversión está movilizando a través del "Plan Juncker", con 27.000 millones de euros para financiar proyectos de innovación y crear nuevas oportunidades de empleo para los españoles.
Sin embargo, estos logros reales deben ser sólo el principio y, por ello la Comisión Europea ha lanzado recientemente una batería de medidas que pretenden impulsar la dimensión social de la Unión. Algunas de las iniciativas destacadas son la propuesta de Directiva que propone que los padres puedan conseguir condiciones de trabajo más flexibles hasta que los hijos tengan doce años (y no ocho como actualmente), con la posibilidad de acogerse a una excedencia remunerada de hasta 4 meses o permisos para cuidadores de familiares enfermos. Estas medidas están encaminadas, además, entre otros, a elevar la tasa de empleo femenino y a incrementar la natalidad en una sociedad envejecida. Es solo el inicio de un programa ambicioso de reformas que pueden apuntalar un sistema más justo de condiciones de trabajo y protección social, siempre con el ciudadano en el foco de todas y cada una de las propuestas.
De aprobarse estas Directivas, Europa estaría avanzando significativamente en el desarrollo de su dimensión social, un ámbito, como tantos otros, que sigue dependiendo en gran medida de instrumentos en manos de los gobiernos nacionales y de su voluntad política para actuar. En este sentido, la Comisión Europea acaba de publicar su informe anual de recomendaciones económicas por país que pretende servir de guía para los Estados miembros. En el caso de España, la Comisión recomienda a España invertir en innovación, educación, en modernizar el sistema de protección social a la vez que se busque un sistema de tributación moderno para sostener estas inversiones y así, contribuir a avanzar en la Europa social que todos queremos.
La Unión Europea, tras 60 años de vida, y pese a la aparición en el mundo de amenazas proteccionistas y aislacionistas, está decidida a reivindicar, hoy más que nunca, los valores que forman parte de su ADN, como la defensa del libre comercio, la lucha por la protección del medioambiente, el respeto del Estado de derecho o el citado fortalecimiento del Estado de bienestar. Una vez que se ha consolidado la estabilidad y el crecimiento empieza a avanzar, la Comisión propone un giro hacía una Europa más social. Poco a poco, los sondeos indican que Europa empieza a recuperar la confianza de sus ciudadanos (un 62% de los españoles, 7% más que el año anterior). La 9ª de Beethoven, el himno de Europa, suena en las celebraciones del nuevo Presidente-electo francés. El aniversario de esta Unión está cargado de símbolos, pero quizá esta vez, la efeméride, sea mucho más que eso.