Artículo de opinión de Fernando González Laxe, Catedrático Emérito de Economía Aplicada. Universidade da Coruña
Después de la intervención norteamericana en Venezuela se imponen varias definiciones para contextualizar la situación actual. Estamos ante un “reajuste total”; o sea, cambios profundos que dejan atrás dinámicas que hasta hace bien poco se daban por descontado y que ni se preveían. Podemos, también, encontrarnos ante “cambios en las prioridades”; esto es, una revalorización de la agenda del poder duro y del protagonismo de los Estados sobre los mercados. O, simplemente, advertimos la imposición de un “nuevo orden geo-político” basado en la fuerza y en las esferas de influencias, cuya base se encuentra en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana, presentada a finales del pasado año, que permite, asimismo, ampliar los poderes presidenciales en base a ópticas y objetivos de seguridad.
Cualquiera que sea la acepción escogida, no cabe duda que las perspectivas para el año entrante son muy diferentes de las presentadas hasta hace pocos días por los analistas internacionales. En todas ellas, se incluye una tendencia a la intervención en el amplio “patio trasero” de los Estados Unidos de América.
Dos grandes tendencias predominan en estos momentos. La primera, hace mención al dominio sobre los recursos. Los objetivos están centrados en el petróleo y en las materias básicas y críticas. Todas son causa de disputa y de conflicto en relación a su acceso, extracción y explotación. Se busca proyectar el poder en los mercados, en su distribución y en su regulación, llamando la atención esencialmente sobre los aspectos energéticos y de los componentes. Y, a continuación, asegurar las cadenas de suministros de las tecnologías críticas (semiconductores, IA, datos, tierras raras y minerales) y sus enclaves geográficos estratégicos. Entramos, pues, en una nueva concepción de la diplomacia transaccional desigual y fragmentada que anticipa un nuevo juego de poderes a nivel mundial en donde el sistema de comercio abierto ha perdido su papel preponderante. El propio Trump afirmaba en su residencia de Mar-a-Lago “el futuro vendrá determinado por la capacidad de proteger el comercio, el territorio y los recursos fundamentales para la seguridad nacional”. En síntesis, un desplazamiento de los centros de gravedad económica mundiales vinculados a una era de seguridad económica donde el comercio se ha politizado y se utiliza como arma de política exterior.
La segunda consideración hace referencia al reacomodo geo-político. El pensador Carl Schmitt distinguía entre país amigo/país enemigo. Sustituyó los principios universales de cooperación, normas del derecho internacional, democracia y libre mercado, para buscar y acomodar las nuevas relaciones entre los niveles de amistad, lealtad y sumisión entre países. Así aparecen las zonas de influencia, una distribución singular de los recursos y la emergencia de bloques de poder. No es difícil entrever que China ejerce una influencia notable en el Sudeste asiático; Rusia desea anexionar una parte de Ucrania; e Israel sueña con dominar el Oriente Medio. En este contexto, las apuestas de EEUU y de Europa son muy claras. La primera potencia desea reservarse su área: el continente americano, llamado ahora el Hemisferio Occidental, y el control del Ártico, de ahí el interés por Groenlandia. En tanto que Europa se queda sin capacidad efectiva de poder, al no poseer capacidad de defensa, ni diplomática de primer orden. Como dice Josep Borrell “EEUU ya no es nuestro aliado”. En suma, Estados Unidos no abandona el tablero, pero exige corresponsabilidades fiscales y militares a sus aliados.
Así las cosas, aquella nación que era la garante del orden democrático global ha pasado a comportarse como un totalitarismo competitivo, en palabras de Marian Martínez. Siguiendo las bases de dicho planteamiento “la libertad y la democracia dejan de ser compatibles”, afirma Peter Thiel, en tanto que Curtis Yarvin suscribe que hay que reinventar el fascismo y ponerlo al servicio de Silicon Valley. Estos ideólogos de la nueva derecha americana refuerzan las tesis por las que quieren justificar la ruptura del vínculo entre la ciudadanía y las instituciones a fin de aumentar el poder de unos pocos en detrimento del conjunto de la sociedad. Sus programas no ofrecen alternativas plausibles, sino que solo buscan el reconocimiento y el refuerzo de la identidad de las élites. Para ello, sus actuaciones siguen el mismo patrón, esquematizado en tres pasos. El primero, es polarizar la sociedad; esto es, distinguir patriotas contra traidores, para encumbrar a un líder al que se le debe lealtad (no razón). El segundo es desprestigiar y atacar a las instituciones para limitar su poder. Buscan aminorar sus funciones y deteriorar su imagen y su peso de contrapoder. Cuando dichas instituciones (poder judicial, medios de comunicación, instituciones democráticas, universidades) están deterioradas socialmente se pasa al tercer movimiento: reemplazar; esto es, “reformarlas” para sustituirlas por personas leales y vaciarlas de contenido.
En suma, hemos entrado en una nueva época y en una nueva forma de hacer política que cuesta analizar. Algunos pensadores lo denominan tecno-fascismo y otros estudiosos fase tecnocrática; según si hay un otorgamiento del poder ejecutivo a unos pocos o si se procede a una suspensión técnica de la democracia, respectivamente. Algunos dirigentes políticos lo envuelven empleando elementos del fascismo como la sangre y el territorio junto al miedo y situaciones apocalípticas que exigen respuestas contundentes vinculadas con la protección, la seguridad y la inmunidad. Esto es, se limitan a soluciones individuales compitiendo con lo demás; reproduciendo continuamente escenarios muy preocupantes y salvadores para una élite escogida, subrayando el término de etnocracia (aquel que tiene derechos) y el de la supremacía. Más allá de estas conceptualizaciones se puede certificar una regresión democrática estructural en la medida que el mundo vive un proceso de autocratización, donde las instituciones democráticas ceden paso al auge de liderazgos personalistas. Esta deriva autoritaria no es solo un dilema moral, sino un factor de riesgo económico que dota al sistema de imprevisibilidad, inestabilidad e incertidumbres.
No estamos, en consecuencia, ante un choque de civilizaciones, ni de ruptura; sino ante una confrontación de intereses, de capacidad de adaptación y de gestión sofisticada del riesgo. Ante este juego de fuerzas, el planeta está reconstruyendo su identidad política sobre bases de control, amenazas y guerras; cuando el anterior orden mundial, creado en 1945 después de la II Guerra Mundial, estaba basado en garantizar la paz y la colaboración entre países. El presidente D. Trump ha obligado al mundo a afrontar nuevas reglas y formas de actuación basadas en las esferas de influencia. Ante esta propuesta algunos países sienten la necesidad de formular alternativas plausibles, toda vez que ha quedado claro que la Carta de Naciones Unidas es papel mojado y que el derecho internacional no existe, habiendo sido sustituido por una nueva fórmula de poder y esferas de influencia que, a juicio de algunos pensadores ultraconservadores, permite generar estabilidad. En suma, el mundo se encuentra en plena transición hacia nuevas reglas de gobernanza que marcarán tanto las relaciones internacionales como la senda del crecimiento económico, por lo menos de este año.
ESQUEMA SIMPLE DE LOS NUEVOS PRINCIPIOS DEL ORDEN MUNDIAL
| NUEVO PRINCIPIO | Manifestaciones y Efectos |
|---|---|
| Impunidad al intervencionismo | Actuar al margen de las leyes. Apuesta por el unilateralismo. Abuso de la confrontación con limitación de la violencia. Amenazas con uso de la fuerza sin previo aviso. Regreso a las áreas de influencia de las grandes potencias. Aplicación de doctrina DonRoe. (actualización por D.Trump de la doctrina expuesta por el presidente J.Moore en 1823). |
| Proliferación de burbujas tecnológicas | La capitalización bursátil de los 4 gigantes de la IA (Nvidia; Microsoft; Apple y Alphabet/Google) ha aumentado este año vertiginosamente, es equivalente al ¼ del PIB de EEUU. Si se resintiera se frenaría la economía mundial. La UE quiere regular su presencia y actuaciones en su espacio territorial, pero no se decide a adoptar decisiones. Se incrementa la dependencia tecnológica. |
| Monetización de la paz | Las negociaciones políticas son una oportunidad para hacer negocios y lograr beneficios inmediatos. También para sacar provecho económico y táctico por mor de la ausencia de violencia. Toda negociación política está relacionada con mentalidad comercial. Posibilidad de otorgar protectorados para las empresas afines. |
| Pérdida de derechos humanos y aumento de las desigualdades socioeconómicas | Debilitamiento de las políticas sociales. Los derechos humanos no entran en consideración en el nuevo orden mundial. Aumento de las desigualdades económicas e incremento de las brechas sociales y sanitarias. Dificultades con el acceso a la vivienda. Aumento de la colonización tecnológica y digital. Descenso del índice de confianza del consumidor. Peligro de inflación. Problemas con la deuda pública. |
| Más armas y más IA militar | La inversión en defensa aumenta vertiginosamente, llegando al 5% del PIB. Obligatoriedad de dicha inversión para ser “socio principal de OTAN”. Control de la robotización en la IA. Especialización de la IA en objetivos militares. |
| El cambio climático víctima de la geo-política | A pesar del incremento de la producción y uso de energías renovables, la falta de acuerdo en la cumbre del Clima (COP-30) ralentizará la reducción de la dependencia de combustibles fósiles. Ralentización de las políticas de descarbonización en aquellos sectores y actividades básicas. Vuelta atrás en las concepciones científicas. |
| Reorganización del comercio internacional y diversificación de alianzas | Fragmentación de las relaciones comerciales internacionales. Nuevos desarrollos de los procesos de producción y de localización de las empresas. Nuevos acuerdos de cooperación regional entre países. Fortalecimiento del friendshoring. |
| Desorientación europea y autocracia americana | La diplomacia europea ha desaparecido; y acepta sumisamente posiciones de dependencia y vasallaje. No todos los EEMM de la UE poseen la misma concepción de la política y las alianzas exteriores. EEUU marca una nueva senda de diplomacia que acentúa el control de áreas geográficas y materiales básicos. China mantiene por el momento su programa de ampliación de la red económica, comercial y logística. |