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Putin presiona militarmente a los países europeos

Putin presiona militarmente a los países europeos

Artículo de Opinión de José Luis Méndez Romeu, analista político, ex conselleiro y ex secretario de Estado de Cooperación Territorial

Ni España ni Portugal vivieron en su suelo el conflicto de la Segunda Guerra Mundial que desembocó posteriormente en la división del mundo en dos bloques y lo que se llamó la Guerra Fría. Quizás por ello las tensiones que hoy sacude a los países del Norte, del Centro y del Este de Europa tras el posicionamiento de Putin contrario a una nueva ampliación de la OTAN, son vividas con mayor distanciamiento. En Portugal las elecciones legislativas pueden servir de excusa, en España no hay disculpa alguna.

Porque lo que se discute es nada menos que un conflicto militar, de mayor o menor intensidad, que afectará directamente a algunos territorios, previsiblemente a Ucrania, pero indirectamente, en forma de represalias económicas que incidirán en la vida cotidiana de muchos ciudadanos, tendrá influencia en el resto de Europa. Repárese como ejemplo en la dependencia alemana del gas ruso. Actualmente ha debido paralizar la puesta en servicio de un nuevo gasoducto ya construido pero cualquier represalia afectaría al actual volumen de gas recibido para que funcionen desde las empresas hasta las calefacciones domésticas.

Rusia ha movilizado un ejército del tamaño del español para presionar a Ucrania, Suecia está desplegando efectivos en el mar Báltico, Finlandia debate su futuro y los países bálticos temen su aislamiento, entre otras noticias de los últimos días. Para tratar de agotar los cauces diplomáticos, Biden y Putin han conversado por teléfono. Posteriormente representantes de ambos gobiernos se han reunido en Ginebra y después en Bruselas, asistiendo a esta última reunión los mandos de la OTAN. Como en Yalta hace ya ocho décadas, el destino de Europa se ha debatido con escasa presencia europea. La UE ha sido excluida, aceptándolo sin excesivas protestas, consciente de que cuando se habla de defensa, la Comunidad Europea ha delegado la suya en Estados Unidos. La OTAN no pasa de ser la representación de esa delegación. Todas las conversaciones han sido infructuosas hasta la fecha.

Sólo el Presidente de Francia está defendiendo una visión estratégica de Europa al margen de Estados Unidos aunque coordinada con ese país, asumiendo que el análisis de los riesgos de seguridad en el continente debe hacerse desde la perspectiva de quienes conviven con ellos en lugar de aceptar acríticamente las tesis del Gobierno norteamericano que hace un análisis mundial de sus amenazas y actúa en consecuencia. Hasta ahora Macron no ha logrado adeptos a su iniciativa.

Las razones de Rusia no son inextricables. El propio Putin se ha preocupado de divulgarlas a través del canal Sputnik. Debe recordarse que Rusia tiene 20.000 kilómetros de fronteras terrestres con dieciséis países. Dichas fronteras carecen de límites naturales por lo que su defensa en términos militares se ha basado en la disuasión nuclear y en el cinturón de países que conformaban el Pacto de Varsovia. Actualmente Rusia reclama que la OTAN se abstenga de nuevas ampliaciones, es decir que no incluya a países limítrofes para seguir disponiendo de ese margen territorial. Tanto Estados Unidos como la OTAN o los países afectados se han negado a aceptar esa condición que entienden limitadora de su soberanía. El temor ruso es que la OTAN, es decir Estados Unidos, despliegue sistemas de armas avanzados en las fronteras de Rusia, aumentando su vulnerabilidad sin posibilidad de equilibrar esa amenaza mediante un despliegue con similar capacidad ofensiva, esto es, más cerca de sus objetivos.

Putin se ha preocupado de ganar terreno por la vía de los hechos. En Bielorrusia y en Kazajistán, pero también en Crimea y Donbas para debilitar a Ucrania, en Abjasia y en Osetia del Sur a costa de Georgia, en Transnistria contra Moldavia y en Nagorno-Karabaj en perjuicio de Azerbaiyan. Todo ello en una coyuntura internacional en la que Estados Unidos ha priorizado la contención de China y por tanto las alianzas con países del Pacífico.

La Unión Europea y Estados Unidos amenazan con importantes sanciones económicas si Rusia actúa militarmente en Ucrania. La guerra abierta parece descartada por los imprevisibles y en todo caso elevadísimos costes humanos y materiales que supondría. En esas condiciones es previsible que la escalada sea de baja intensidad persiguiendo más la desestabilización que las operaciones armadas a gran escala.

La salida del Reino Unido de la UE ha privado a esta de un actor principal en asuntos internacionales y de uno de los pocos países que aún mantiene ejércitos con capacidad de combate demostrada, como Francia, mientras los demás Estados han optado por ejércitos de cascos azules. Además el Reino Unido es el país más atlantista, lo que redunda en el menor interés de Estados Unidos por un continente que ha renunciado a sostener fuerzas armadas con capacidad disuasoria.

Los ciudadanos merecen estar bien informados, conocer las prioridades de las políticas de defensa y seguridad así como las estrategias gubernamentales para abordar los riesgos. Los asuntos de política internacional, en especial cuando son tan preocupantes como lo son actualmente, ni son difíciles ni esotéricos. Los Parlamentos nacionales deben conocer de primera mano el análisis del Gobierno, las posiciones de los demás grupos y también las alianzas con los países aliados. Para evitar repetir los errores cometidos en la Unión Europea siempre con un déficit democrático notable.